Clasificar las articulaciones ayuda a entender por qué unas molestan más que otras y qué movimientos conviene cuidar. A grandes rasgos, se agrupan según cuánta movilidad permiten.
Articulaciones fijas (sinartrosis)
Unen huesos de forma casi inmóvil. El ejemplo clásico son las suturas del cráneo: priorizan protección frente a movimiento.
Articulaciones semimóviles (anfiartrosis)
Permiten un desplazamiento limitado. Los discos entre vértebras o la sínfisis del pubis encajan aquí: dan flexibilidad sin sacrificar soporte.
Articulaciones móviles (diartrosis)
Son las que más usamos y también las que más suelen doler. Incluyen:
- Bisagra: codo o rodilla (flexión y extensión).
- Esfera: hombro y cadera (gran rango de movimiento).
- Pivote: permiten rotación, como entre las primeras vértebras cervicales.
- Deslizamiento: pequeñas caras óseas, por ejemplo en la muñeca o el tobillo.
Qué implica para el cuidado diario
Las móviles soportan más fricción y carga. Por eso conviene combinar movimiento controlado, musculatura estabilizadora y nutrientes que formen parte del cartílago (colágeno, glucosamina, condroitina, ácido hialurónico).
Este contenido es de carácter informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Los complementos alimenticios no son medicamentos ni deben usarse como sustituto de una dieta equilibrada. Ante síntomas persistentes, consulta con tu médico.