El dolor articular (artralgia) puede afectar una sola zona o varias a la vez. La intensidad varía desde una molestia al subir escaleras hasta una inflamación que limita el movimiento. Identificar el origen orienta el cuidado, siempre con apoyo sanitario cuando haga falta.
Orígenes frecuentes
- Desgaste (osteoartrosis): el cartílago se adelgaza y las superficies rozan.
- Sobrecarga o lesión: esguinces, distensiones, fracturas o gestos repetitivos.
- Tendinitis y bursitis: molestia alrededor de la articulación por roce o esfuerzo.
- Depósito de cristales: como en la gota, a menudo en el dedo gordo del pie.
- Procesos inflamatorios autoinmunes: por ejemplo artritis reumatoide o lupus.
- Infecciones: virales o, con menos frecuencia, infección de la propia articulación o del hueso.
Signos de inflamación
Hinchazón, calor local, enrojecimiento, sensibilidad al tacto y dolor al mover son señales de que la zona está irritada. No siempre equivalen a «artrosis»: conviene valorar el conjunto de síntomas.
Qué puedes hacer mientras consultas
Respeta el reposo relativo (sin inmovilizar de más), aplica calor o frío según te indique tu profesional, y evita automedicarte de forma prolongada. El movimiento suave, cuando no hay alarma infecciosa, suele ayudar a recuperar lubricación y fuerza.
Este contenido es de carácter informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Los complementos alimenticios no son medicamentos ni deben usarse como sustituto de una dieta equilibrada. Ante síntomas persistentes, consulta con tu médico.